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martes, 28 de mayo de 2013

Algo está mal.


Algo está mal en el mundo, en el sistema, algo que se percibe, que se ve, pero que está, por no decir “es”, tan natural que se ignora, es tan grande que mejor no molestarse en notarlo y ni pensar en cambiarlo o corregirlo. Cualquiera puede darse cuenta, desde distintos puntos de vista, tarde o temprano, se nota, se siente… no quiero ser enigmático señalando algo de libre interpretación, me refiero a cosas puntuales, educación, trabajo, desarrollo, felicidad, costumbres, ideales, en todas las cosas se percibe algo que está mal, mal diseñado, mal empleado, mal aprovechado… mal. La educación que recibes no te queda, todo lo que te enseñan en el colegio es inútil si no lo usas y lo olvidas, las notas que nos ponían no tomaban en cuenta que a mi me costaban las matemáticas y a mi compañero de al lado se le hacían fáciles, no tiene sentido, es como poner a competir a un atleta con un tenista. La educación aburre a los alumnos, a los profesores y hasta a los padres, que al final terminan haciendo las tareas de sus hijos, algo está mal evidentemente si sabemos que el ser humano es curioso y una esponja de conocimientos desde que nace, a una persona no le cuesta nada aprender aquello que necesita o que le gusta. Te meten un montón de palabras en la cabeza para luego transcribirlas en un examen y luego olvidarlas para meter nuevas palabras…y solo palabras.

El trabajo, un buen trabajo, un trabajo bien remunerado, ganar lo que gastas en un mes o menos o en un mes lo que gastas en tu vida… un trabajo perfecto que te mantiene todo el día ausente de tus seres queridos o de las cosas que te gustan, que te estresa y gasta tu tiempo y energía en intereses ajenos, que te obliga a sacrificarte levantándote antes de lo que quisieras, comiendo en el momento y lugar que te señalan, durmiendo poco, dejando el sexo para los fines de semana, saliendo a la lluvia cuando preferirías quedarte en tu cama, es normal, es natural, está bien… ¿está bien? Si es que las circunstancias te permiten estudiar y no siempre es así, estudias la carrera que puedes, según recursos intelectuales, económicos o físicos, pero rara vez es lo que quieres, eso cuando sabes qué es lo que quieres, pero eso no importa, porque sea como sea estarás mejor que el que no estudió nada, o eso es lo que dicen, aunque nadie especifica mejor en qué términos, mejor en algunas áreas y peor en otras, tampoco te aseguran que alguien que no estudió nada esté muchísimo mejor en muchos aspectos como económicos, de salud o sentimentales.
Retomo el “Qué quieres ser cuando grande” muy pocos lo saben, y aquellos que lo saben es porque quieren imitar a sus padres, porque les admiran, o porque se han dado cuenta de que aquello que les divierte siendo niños pueden seguir haciéndolo y ganar dinero, siendo adultos. El resto, ni idea, ¿Por qué? Yo creo que la mayoría de las profesiones son anti-naturales, un niño que quiere ser veterinario porque ama a los animales no quiere abrir a un perro a la mitad y operarlo, solo quiere darle amor y que sane y todos somos un poco niños aún cuando debemos decidir qué ser de adulto.

Desarrollo, es buscar alcanzar el mayor nivel de tus capacidades, en todos los aspectos posibles, pero si tus actividades se alejan de tus capacidades no hay desarrollo posible, solo estancamiento, según creo, las capacidades son aquellas cosas para las que uno es bueno, como es bueno, las disfruta, si uno se dedica a hacer otras cosas en la vida en las cuales sus capacidades son medias, su desarrollo también se detiene porque puede alcanzar niveles más altos en áreas para las que es bueno. Primero se aprende, luego se mejora y luego se crea, y en el crear no hay límites por lo tanto el desarrollo podría y debiera ser ilimitado en todas las personas y en todas las labores. Pero el sistema tiende al automatismo, a la rutina, a la producción en cadena, al método exacto y comprobado, seguro, cuantitativo, con un menoscabo directamente proporcional al nivel jerárquico, mientras más abajo, menos libertad de desarrollo.

Felicidad, la felicidad ha llegado a transformarse en un mito, en un fruto que se puede probar pero no mantener, hoy ya no hay personas felices, solo momentos felices, y ¿saben porqué?… es simple, porque un momento de felicidad se puede vender, y todos los días se vende y si no somos capaces de comprarlo somos infelices, es el genial sistema. Todos la queremos, todos la necesitamos, todos la buscamos, entonces, ¿por qué no venderla? Hasta es idiota no hacerlo, es el valor agregado de todas las cosas, probablemente el gancho comercial más utilizado, pero desgraciadamente es imposible venderla, la felicidad es gratis, todos lo saben pero no importa, el sistema comercial se desmoronaría si la gente dejara de consumir para ser feliz. Eso es lo que nos muestran desde que se inventó la publicidad y la propaganda.

Las costumbres, la repetición, los ciclos, es como la diferencia entre los animales domésticos y los salvajes, acostumbrar es domesticar y no todos los animales domésticos terminan bien. ¿Por qué celebramos navidad?, ¿bautizos?, ¿matrimonios? ¿Por fe?.... ¿Por qué hacemos una fiesta el 31 de Diciembre de todos los santos años?; ¿por qué todos debemos estudiar las mismas cosas durante la misma cantidad de años en nuestra infancia y adolescencia?; ¿por qué todo se inicia a la misma hora todas las mañanas? ¿Por qué debemos vestirnos de determinada forma en determinadas situaciones? Solo porque estamos acostumbrados, porque hay que hacerlo a pesar que no hay ninguna razón, aunque no queramos o no nos haga felices ni mejores, porque nadie lo cuestiona o porque las cosas son así. Sí, las cosas son así y no son así nada más porque sí, de alguna forma está hecho así deliberadamente. El comercio y la economía mantienen con vida a la navidad más que Jesús y todos lo saben.

Ideales, la casa ideal, el trabajo ideal, la pareja ideal, el auto ideal, la vida ideal, individuales y asombrosamente modificables, vanos, profundos o inexistentes, inalcanzables, rotos, inagotables. Más artificiales que naturales, más influenciados que innatos, más falsos que reales y lo más inquietante, más tener que ser. Los ideales son en el fondo el instinto de superación convertido en tener más, en superar al otro, a los demás, a no quedarte demasiado abajo y llegar lo más alto que se pueda, pero económicamente hablando. Nadie está en contra de los ideales, yo tampoco, de los sueños y la superación personal, pero es que constantemente te están vendiendo ideales que no lo son, no traen consigo ni un gramo de felicidad o de superación, no me hacen mejor en ningún sentido y lo que es peor, me nublan mis ideales verdaderos, naturales, innatos, los que sí podían hacerme feliz… y que ahora ni siquiera puedo recordar.


León Faras.

domingo, 3 de marzo de 2013

El engaño.


El engaño.

Estoy confundido, resulta que todos estamos engañados mediante una forma de pensar que nos obliga a ver lo que vemos y a ser lo que somos, que esa forma de pensar a convertido la mitad izquierda de nuestro cerebro en una ciudad moderna y avanzada y a dejado el lado derecho en la edad de piedra, la que piensa por sobre la que siente, y que la realidad que vemos a diario está sometida a lo que creemos intelectualmente como lógico y no a lo que sentimos como verdadero, y como lo que entendemos está sometido a lo que nos han enseñado durante toda la vida pues entonces vivimos engañados. Sentir, podemos pasar horas sin sentir nada particularmente llamativo y sin embargo no paramos de pensar, de preocuparnos, de sacar conclusiones innecesarias, de calcular todo lo que nos rodea. La idea principal de todo esto es que pensar contribuye, aporta, mientras que sentir solo es una vulgar consecuencia. Pensar es voluntario y sentir es inconsciente. Todos podemos encontrar natural esto hasta que consideras que el hemisferio izquierdo de tu cerebro es un hombre moderno e informado y el derecho un Neandertal que aún funciona por instinto. La pregunta es: ¿De qué nos estamos perdiendo?... ¿cómo sería todo si ambos lados tuvieran el mismo desarrollo? Así como entendemos las emociones actualmente, no seduce mucho la idea de desarrollar esa parte que siente, lógicamente es más eficiente saber y pensar, ahí está lo productivo. Pero volvemos al engaño. Las impresionantes fotos del científico japonés Masaru Emoto dejan con la boca abierta a más de algún desprevenido, yo incluido, para quien no está enterado del trabajo de este señor, le diré que se dio el trabajo de fotografiar moléculas de agua congeladas, pero con la particularidad de someterlas antes a pensamientos, emociones u oraciones espirituales. Lo increíble que descubrió fue que las muestras de agua expuestas a un simple “gracias” o un “amor” se formaban cristales hermosos y simétricos, mientras que las que recibieron palabras y emociones de odio o miedo terminaron amorfos y feos, esto independiente de la calidad del agua que usó. Las emociones modificaron la materia, esto es particularmente interesante si recordamos que nosotros mismos somos materia y muy especialmente un ochenta por ciento agua. Yendo más allá, no existe ninguna duda de que absolutamente todo en el universo, incluyéndonos, está hecho de lo mismo y de que esa materia universal se reduce a energía y vacío. Lo interesante es que nosotros tenemos una cosa que no está en todas partes, consciencia, y no es descabellado pensar que es esta la que determina el orden de todo lo demás y que el lenguaje de la consciencia son las emociones y estas nacen del pensamiento el cual está influenciado por lo que nos han enseñado, el engaño. No existe otra razón para la cual estar dotados de consciencia, Descartes dijo “Pienso, luego existo” sin cuestionar al filósofo ¿no suena mejor decir “Siento, luego existo”?

            Últimamente se ha llegado a la conclusión de que solo existen dos emociones de las que se desprenden todas las demás, el amor y el miedo, es decir que todo lo agradable que podemos sentir nace del amor y todo lo desagradable es consecuencia del miedo, volviendo a la idea de que lo que sientes modifica la materia física, podemos decir que el miedo y todos los sentimientos destructivos que genera como el odio, el rencor, la depresión, “crean” un entorno favorable a si mismos e incluso nos predisponen físicamente para vivir con ellos y para ellos, crean un entorno que fabrica más miedo. Entonces no es un estímulo externo ajeno a nosotros el que hace brotar instintivamente nuestras emociones, como el lado izquierdo de nuestro cerebro asegura, si no que si generas miedo, recibes miedo, si generas odio, recibes odio, esto no es algo nuevo, siempre lo hemos sabido, “Lo que recibes, es lo que das”; “Cosechas lo que siembras” solo que la lógica de nuestro pensamiento le quita veracidad a este concepto y lo vemos solo como una metáfora utópica, pero no es así, nosotros somos los creadores de nuestra realidad, recuerda que todo está hecho de lo mismo pero no todo tiene consciencia. Por esto es que es fundamental amar y solo amar, amar lo que quieres pero especialmente lo que no quieres, amar a quienes están contigo pero más a quienes están contra ti, porque solo el amor puede oponerse al miedo, al odio, al rencor, si odias a quien te ha hecho algo es apagar el fuego con bencina, solo existen dos emociones y solo pueden fabricarse a si mismas y destruir a la otra, es así de sencillo.

No se trata de dejar de pensar, si no de emparejar ambos hemisferios del cerebro, se trata de darle control a lo que sentimos, equilibrio, convertir nuestras emociones en el acto y no solo en consecuencia, dotar de voluntad nuestros sentimientos. Saber que no hay nada que temer más que al miedo mismo, no hay más verdad que la que sentimos, no hay más realidad que la que fabricamos.


León Faras.

lunes, 29 de octubre de 2012

Y Dios creó a la mujer.

Y Dios creó a la mujer...

Y en ese día sexto, de inmediato nació junto con la mujer el machismo, porque desde el principio de los tiempos le impuso con quien debía vivir el resto de su vida, en ninguna parte dice que le preguntaron a Eva si quería a Adán y es imposible que haya sido el único hombre sobre la tierra… ya sabes, por aquello de que cuando Caín es expulsado encuentra más gente en su camino que no eran familiares suyos. El machismo y todas sus nefastas consecuencias cuando es llevado tan solo un poquito al extremo, es de origen religioso. Apenas es creada, la mujer arrastra al hombre hacia el padre de todos los pecados, bajo engaño de la serpiente, esta última, otra damnificada del Génesis, y como consecuencia la raza humana completa es expulsada del jardín del Edén, en ese mismo momento nace la más apropiada excusa, el motivo más justificado para poner desde ahí en adelante, a la mujer uno o dos peldaños más abajo del hombre, peldaños enormes por lo demás, porque hasta estos momentos, recién está logrando subirlos, y cualquiera sabe que estando arriba, es solo cuestión de tiempo pisar al que está abajo, y así se hizo, una y otra vez. 

Lo primero, fue asumir la incapacidad de la mujer para tomar cualquier tipo de liderazgo negándosele incluso la participación en cualquier toma de decisiones importantes, después de lo del dichoso árbol, las decisiones importantes debían ser tomadas por hombres en lugar de la mujer, incluso (y especialmente) las que le atañían directamente. Esto llevó a que incluso el adjetivo “primogénito” no tuviera originalmente su equivalente femenino, puesto que una hija no servía como heredera, solo para ser vendida como esposa, y era vendida porque literalmente era entregada al mejor postor, la belleza, virtud e incluso la virginidad de una hija era lo que ahora llamaríamos “valores agregados” a la hora de buscarle un marido, y aquello debía ser lo antes posible, es decir siendo apenas unas niñas que tenían su primera menstruación, para delegar la carga que significaba su crianza y obtener los mejores beneficios de ella, sus futuros maridos no siempre serán tampoco ni jóvenes ni apuestos, ni siquiera se les aseguraba un buen trato, la mujer era calificada como objeto, que de ser pertenencia de su padre pasaba a ser pertenencia de su esposo sin que tuviera la menor injerencia en tal decisión. La mujer, su belleza, su atractivo intrínseco, por tanto, también pasaban a ser un objeto, muy valioso si que quiere, pero un objeto, célebre es la frase de Teresa, hija de Bermudo II de León quien entregó a su propia hija al harén de Almanzor para mantener la paz “La paz de los pueblos debe descansar en las lanzas de sus guerreros, y no en el coño de sus mujeres”, sin embargo, Teresa era más útil como obsequio que como mujer. 

Luego, se tomó como clara y obvia, la conexión directa de la mujer con las fuerzas oscuras y demoniacas, ella ya había sido seducida por el diablo una vez y de seguro volvería a serlo, lo cual era tremendamente peligroso para el hombre, siempre propenso a caer en los artilugios seductores femeninos. Esta creencia, nacida en el Génesis, convirtió a la mujer en instrumento del demonio para llevar al hombre por el mal camino, es decir, la mujer ni siquiera era importante en el valor de su alma, era más útil siendo utilizada para capturar almas de varones, que al parecer valían más en los mercados del infierno. Esto resultaba perfecto para exculpar al hombre de casi cualquier atrocidad cometida en contra o por una mujer, pues la responsable sin duda alguna debía ser ella, quien siempre estaba atenta a las órdenes de Lucifer y cuyas maniobras de seducción, eran sencillamente ineluctables. Dicho vínculo de la mujer con el príncipe de las tinieblas, mantenía a esta bajo permanente sospecha, la mujer por tanto, fue obligada, incluso por la fuerza, obligación que nunca fue puesta sobre el hombre, nunca, a ser dechado de pureza, recato, virtud y santidad, como único medio para asegurar su buen camino, puesto que el más leve desliz, aún aquellos que nada tenían que ver con su voluntad, eran inmediatamente asumidos como maniobras demoniacas sin otro objeto que enchuecar la siempre recta vía de los varones. Innumerables han sido las mujeres que murieron sometidas a las más horrendas torturas y vejámenes asegurando su inocencia en las violaciones y vejaciones de las que habían sido víctima. Esto sin contar la abrumadora cantidad de mujeres martirizadas y asesinadas por la Santa Inquisición, bajo absurdo y nunca comprobado, acto de hechicería. 

El placer sexual en la mujer fue brutalmente condenado para evitar que la mujer tuviera siquiera la capacidad de buscarlo, la chocante y atroz práctica de la circuncisión femenina entre otras prácticas no menos crueles, fueron difundidas como medios tan válidos como necesarios para mantener a la fuerza la frágil virtud de la mujer. El hombre en cambio, no padeció ni la sombra de aquello, la circuncisión masculina es un mero trámite al lado de la sufrida por las mujeres, y en muchas culturas, el hombre satisfacía sus deseos sexuales con otros hombres de forma totalmente natural y aceptada, dejando a la mujer solo para la reproducción. Algo así como que Dios le había entregado a la mujer el placer sexual como un obsequio que la mujer era incapaz de utilizar correctamente y que por lo tanto el hombre estaba obligado a arrebatárselo para salvar su alma, un alma que por cierto, permanentemente estaba al borde del abismo. 

Dirás que todo esto es oscurantismo, ignorancia medieval o historia pasada de moda, pero su nauseabunda estela, y los coletazos de este patrón universal aún nos golpean a cada momento, mientras los príncipes azules, falsos y decadentes, todavía contaminan sus tiernas mentes, haciendo más fácil el cumplimiento de la voluntad de Dios. 

León Faras.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Filosofía drástica y trasnochada.

“Todo es una ilusión”, decía un maestro budista de un viejo libro que leí hace poco, y quiero creerle, porque a veces me siento atado, cargado como una mula que lleva media tonelada de basura a ninguna parte en particular, aplastado por la insignificancia de ser una efímera partícula de algo tan grande que ni siquiera puedo ver o dimensionar sin que pueda llegar a ser una parte importante o gravitante dentro de lo que quiera que sea aquello, solo, envuelto en ese individualismo irrompible que significa saber que eres uno y nunca podrás alcanzar algo más que eso, de que una multitud no necesariamente es compañía, y de que la compañía misma es tan frágil como los sentimientos que genera, aun cuando ese sentimiento parezca inmenso. Cuanto de lo poco que tengo y de lo poco que sé, que me he esmerado en saber me es realmente útil, muchas veces uno se topa con la perturbadora idea de que lo importante es insignificante y luego esa misma idea se da vuelta, que lo pequeño y simple es lo que realmente importa, pero nada de eso es completamente correcto, porque todo depende de que lado del río estés, todo es relativo, ¿no?, la tierra es enorme hasta que ves el real tamaño del sol, y este es una vulgar brasa si lo comparas con Antares, lo mismo con mis problemas, mis sueños, mis necesidades… es una estupidez, pero cada vez que quiero darme el gusto de sentir que no estoy bien en algún sentido, me asalta esa gastada y manoseada frase de que ”hay quienes están mucho peor”, ok, lo entiendo, pero luego miras a un lado y te das cuenta que tú eres el único buitre parado aún en el solitario árbol mientras los demás se pelean por el mejor trozo de la carroña, y los que “están peor”…bueno sabes que existen, aunque ninguno de esos buitres lleva un cartel en la cabeza que te lo indique, engullir es la única norma, como patéticos agujeros negros incapaces de tragar más de lo que sus estómagos resisten y obligados a acumular, para no caer en la categoría de los que “no tiene ni donde caerse muertos”, dirás que eso solo se remite a la condición de lo material, de lo tangible, pero podemos ir más allá, si quieres, podemos pensar que nuestro más grande y puro sentimiento no es más que una egoísta necesidad, quien se atreve a pensar que el amor más grande, como el que se le da a un hijo, por ejemplo, es un sentimiento biológico y evolutivamente IMPUESTO para proteger y así asegurar la continuidad de la especie, pura química orgánica, casi suena a pecado, pero muchas especies no lo tienen, y la técnica es simplemente procrear más de lo que el ambiente es capaz de destruir, las tortugas marinas por ejemplo, perdón por lo frío que voy a decir, pero, uno amaría igual a sus hijos si simplemente en vez de tener unos pocos a lo largo de nuestra vida, estuviésemos capacitados para tener miles, la madre naturaleza no siempre comparte ni comprende nuestros sentimientos e inexorablemente estamos unidos a ella, ahhh… el amor, el amor, a veces pienso que no es más que la constante lucha contra ese intrínseco sentimiento de soledad propio de cada uno de nosotros, porque, para qué amamos si no es para sentirnos amados, quien no ama deseando, anhelando que lo amado nos ame, podemos hablar de amor desinteresado, pero hasta que punto ese amor desinteresado es realmente por decisión propia, y no es lo que hemos aprendido a lo largo de nuestra vida, basta con enterarse de que muchas, muchísimas personas son incapaces de amar de la misma manera porque su vida ha sido carente de enseñanzas en ese aspecto, y entonces lo que amas no es más que lo que te han enseñado a amar. Si te enteraras de que aquel ideal soñado, esa perfección personificada depositaria de todos los buenos sentimientos de los que te sientes capas de entregar no es más que el residuo de años acumulando ideas, parámetros, seca y fría información; si te enteraras que tus parangones de belleza, de conducta, de riqueza (incluso si no los tienes) son información acumulada desde tu más tierna infancia; si te enteraras que los sentimientos son solo una respuesta de tu cerebro hacia lo que, según le han enseñado, es bienvenido o mal venido, entonces, los sentimientos carecen de valor, por eso, y ahora lo veo, las religiones pregonan amar incluso aquello que desprecias o que te desprecia, porque si no, es como no amar nada. Me gustaría que alguien me dijera, así, a ciencia cierta, cuantas de las certezas a las que me aferro son naturales y cuantas artificiales, entiéndase, fabricadas por el hombre, por ejemplo, quien tiene la certeza de que la maldad es maldad y la bondad es bondad si desconoce los resultados de estas, quien tiene la certeza de que los sueños se cumplen si la mayoría son olvidados, de que aquello último que compré o que compraste realmente lo necesitabas, de que tengo que ir al trabajo todos los días, de que tengo que comer balanceado o dejar de fumar, de que una vida sana te hará vivir más o mejor, de que si engordas eres menos atractivo para quien sea que deba encontrarte atractivo, de que el total de las enfermedades son reales, de que estamos destruyendo el planeta, de que somos libres, de que somos pobres o ricos, de que lo que ves, es lo que es. Una vez oí una historia sobre un pollo que salía temprano en la mañana a recorrer el campo y una vaca…bueno…lo cagaba. Pero el pollo sintió que ya no tenía frío, que estaba cómodo y abrigado ahí, dentro de la bosta, pero luego vino un cernícalo, jote, halcón o algo así, y lo sacó de donde estaba para comérselo… bueno, la moraleja es que no siempre el que te caga te hace un daño y no siempre el que te saca de la mierda es para ayudarte…esto solo me confunde más… a que atenerse entonces, si Dios debe sonreírse al enterarse de mis necesidades absurdas y patéticas, y no menos de mis problemas y aflicciones, eso si Dios existe, cosa que no voy a cuestionar, no por temor, si no por ignorancia hacia el real concepto de lo que es Dios por sobre el que me han dibujado…el viejo pascuero o papá Noel o como lo llamen, todos sabemos que no existe, pero cualquiera puede serlo para uno o dos niños en navidad, Dios es lo mismo, pero todos los días. Me atengo a la ignorancia, mi ignorancia es mi única certeza, es lo único que tengo y estudio y aprendo solo para verla con mayor claridad, para dimensionarla sin nunca lograr hacerlo del todo, eso me lleva al punto, paradójico por cierto, de que, mientras más ignorante me siento, por ende mejor soy, hasta el paroxismo, o sea un iluminado, no me miren así, seguramente Buda, Cristo o Mahoma eran completamente ignorantes. 


 León Faras.

lunes, 2 de abril de 2012

El mundo de Huxley.

Lenina es perfecta, y esto no es dicho con ningún tipo de sentimiento en su favor ni en su contra, es perfecta porque fue creada de esa manera, desde que el único óvulo del que ella se desarrolló fue fecundado, todo ha sido cuidadosamente condicionado para hacer de ella un ser humano…perfecto. Solo las castas más altas tienen el privilegio de ser concebidos como únicos individuos a partir de un solo óvulo, para el resto, pueden tener incluso más de noventa mellizos idénticos creados de una sola célula sexual. Desde que la maternidad, la familia y el concepto de hogar fueron arrojados al oscuro abismo de las groseras obscenidades, todos los seres humanos civilizados vienen al mundo en condiciones asépticamente artificiales en enormes almacenes de fecundación donde son fomentados o atrofiados, según el caso, física, mental y hasta emocionalmente para pertenecer a una de las cinco castas sociales y realizar la labor para la cual su posición está destinada. Y todo el mundo acepta su estatus con satisfecho orgullo, la hipnopedia se encarga de eso. Frases con dulce y clara voz suenan miles de veces bajo sus almohadas todas las noches durante años mientras los niños duermen, repitiendo una y otra vez que la labor que realizarán es la mejor, que su posición social es la más cómoda y que no la cambiarían bajo ninguna circunstancia. Descargas eléctricas durante la niñez harán a los futuros adultos rechazar cualquier labor para la cual no están predestinados, eso entre muchas otras cosas que harán de su vida un transcurso feliz.

Lenina no tiene novio, sus parejas sexuales son todos los hombres que quiera, pues el amor o el compromiso ni siquiera son imaginados como viables, la promiscuidad no solo es aceptada si no también promovida desde la más tierna infancia, solo debe tener cuidado con no caer en el asqueroso proceso del embarazo, no está permitido ni tampoco es deseado de ninguna forma, su almohada le ha repetido miles de veces lo desagradable y antihigiénico que es parir o amamantar. Y debe tomar precauciones por que ella pertenece al treinta por ciento de los individuos femeninos que son fértiles, un margen seguro en caso de tener que recurrir a esas primitivas prácticas, el resto no deben preocuparse, aunque parecen mujeres perfectas son en realidad hermafroditas absolutamente estériles.

Dios y la vejez ya fueron abolidos hace mucho, así como también toda la cultura humana con más de doscientos sesenta años de antigüedad, la era Cristiana ni siquiera se conoce ni se recuerda más que como una época salvaje e indeseada de la cual no hay nada rescatable. Disfrutan de tiempo libre y de todo tipo de distracciones y diversiones en que gastarlo mientras estas no requieran aislamiento como la lectura o no prescindan del consumo, como jugar con una mascota. La frustración, el disgusto, la soledad, no existen, y si por alguna extraña razón algún individuo llegara a sentir alguna emoción indebida que lo llevara a tener pensamientos con atisbos de cuestionamiento, entonces está a su completa disposición y en las cantidades que desee el Soma, la droga perfecta, mejor que cualquier otra conocida pero sin ningún efecto desagradable ni peligroso, medio gramo garantiza el más dulce de los sueños lúcidos, un par de gramos le llevaran en unas vacaciones narcotizadas extraordinarias al mundo de las sensaciones placenteras.

La vida transcurre feliz sumida en la más infantil y hedonista de las ignorancias, excepto en la reserva, un lugar lejano y horrible, resguardado tras miles de kilómetros de vallas electrificadas tras las cuales, los salvajes, aún llevan a cabo prácticas tan absurdas como la religión o repugnantes como parir y criar a sus propios hijos.

Sobre: “Un mundo feliz” de Aldous Huxley.

León Faras.

domingo, 5 de febrero de 2012

Sobre la existencia de extraterrestres.

Suponiendo por un minuto que la afirmación de que hay vida extraterrestre, entendiéndose como tal, cualquier forma de vida que exista en cualquier lugar diferente a la tierra, fuera un hecho, no sería descabellado asumir que esa forma de vida fuese distinta a la que conocemos, es decir, que no se sustente en los mismos principios que la hacen posible aquí. Asumido esto, también podemos afirmar que esa existencia no sea, necesariamente, viable en nuestro entorno, y por lo tanto, su desarrollo dependería de recrear artificialmente los factores que la hagan posible. Muy bien, para lograr lo anterior, forzosamente tendría que contar con inteligencia y a partir de esta una importante acumulación de conocimientos y como, basándose en lo que podemos deducir, el conocimiento no es espontáneo, sino que es fruto de un larguísimo camino, esta forma de vida debería contar con un significativo proceso intelectualmente evolutivo, partiendo desde cero hasta alcanzar un nivel de conocimientos que le hagan posible comprender y manejar su entorno de manera libre y segura. Todo esto, por supuesto, sin que nosotros tengamos ningún antecedente al respecto, debido a que nuestros “paseos por el barrio sideral” son aún muy limitados. Por lo tanto, la única manera que nos queda de enterarnos de su existencia, es que ellos hagan un abierto acto de presencia aquí. Ya asumido que se trata de vida inteligente, nos queda imaginar su nivel de desarrollo para hacer posible lo dicho anteriormente. Tomando como base el desarrollo de la humanidad, por ejemplo, en los últimos quinientos años, y el desarrollo de tecnologías que han fomentado y acelerado el alcance de nuevos conocimientos, podemos hacernos una idea de lo que podría ser una cultura, digamos, quinientos años más adelantada, simplemente considerando todo lo que, por falta de conocimiento y desarrollo, era imposible y descabellado y que ahora es tan normal como si siempre hubiese sido así: volar, bucear, este computador, que sé yo. Desde este punto de vista podemos tomar lo que nos parece imposible y descabellado ahora y asumirlo como naturalmente posible, teniendo los conocimientos adecuados, a partir de lo cual podríamos tomar como factible o hipotéticamente posible la llegada de extraterrestres a nuestro planeta.
Ahora, suponiendo que los extraterrestres pueden llegar hasta aquí, eso los pondría automáticamente en un nivel bastante superior a nosotros, tecnológicamente hablando, y si nuevamente le echamos un vistazo a nuestra cultura para ver que, el desarrollo avanza en numerosas direcciones a la vez, podemos deducir que no solo nos adelantan en tecnología, sino también podrían ser superiores en conocimientos físicos, aeronáuticos, filosóficos, astronómicos, etc. Otra superioridad podría ser otorgada por la “madre naturaleza”, es decir el desarrollo de cualidades anatómicas por encima de las nuestras, o sea, fuerza física, mejores sentidos, mayor destreza, todo esto tomando como base la especie humana y sus capacidades físicas. Esto nos llevaría a considerar con sumo interés un último punto, sus motivos.
Para definir los motivos que los traerían hasta aquí, más vale no tomar como ejemplo la especie humana, ya que nos dejaría, o a mí por lo menos me dejaría un dejo de desesperanza, debido a la actitud que históricamente ha tenido el hombre con respecto a los bienes ajenos y la política de tomar lo que necesita si tiene los medios para hacerlo en concordancia con sus necesidades, es decir: “Mi sobrevivencia por sobre la tuya”.


Finalmente también podríamos tomar como perfectamente razonable el hecho de que en todo el universo y por increíble que parezca, no haya ni un rastro más de vida aparte de nosotros, o que esta, de existir, se halle en un estado tan primigenio que nos convierta a nosotros en los primeros de la clase. Y, por consiguiente, a compadecernos de ellos si algún día el hombre llega hasta allá.

León Faras.

sábado, 15 de octubre de 2011

Con otros ojos.

Si alguien se animara, por una vez, a mirar el mundo con otros ojos, talvez vería que, por ejemplo, la lluvia no es si no la semilla del torrente y la cascada, el antepasado glorioso del oleaje que taladra la roca, la madre de todas las lágrimas.

Vería en una hoja seca, el cadáver inoloro de una estrella desprendida de su verde firmamento, ante el cual, nadie llora.

El fuego le parecería una sorprendente manifestación viva de lo inerte o un noble embajador del Astro Rey. El único producto de la creación capaz de oponerse a la abrumante oscuridad del espacio y a su fría naturaleza.

Y qué sería una flor, sino la pisada de un ángel ¿o acaso es imposible que un prado florido haya sido alguna vez, la ruta de una legión celestial?, de no ser así, este mundo o estaría repleto de ellas o no habría ninguna.

La vida, sería la revolución de los elementos, que se unieron y se confabularon para ser algo más, para ser la estela de lo divino, la consagración de todas las verdades o una bofetada al mismísimo universo.

El amor, podría ser el hierro inmaterial que se funde para fabricar las más poderosas cadenas que todos, sin excepción, estamos gustosos de llevar, ¿o acaso este sentimiento no arrastra y retiene con la misma fuerza?, ¿o es que no llevamos todos un herrero en el interior de nuestro pecho cuya fragua solo se apaga el día de nuestra muerte?

El cielo probablemente parecería de noche, el campo de batalla donde antaño se enfrentaron miles de soldados de cristal en inigualable disputa por la luna, y de día, el lugar donde se han congregado todas las almas que han existido y las que están por existir, tantas que podemos sentir su calor.

¿Me pregunto si sería un error afirmar que el viento es la forma perceptible del tiempo o quizá solo su emulador?, pues, ambos corren, se detienen, transforman, imponen su autoridad.

Y qué hay de la tierra, la madre absoluta y perpetua, el alquimista perfecto, poseedora y conocedora de todos los componentes que forman lo vivo y lo muerto, la última morada de todas las criaturas. Una industria de milagros.

Y por qué no afirmar que las nubes son el lenguaje de las estrellas, a veces tan conversadoras y otras veces tan silentes y que un árbol es un guerrero asceta que, con cada brote nuevo, gana una nueva batalla, contra un mundo que no para de moverse a su alrededor.

Yo me pregunto, si las sirenas no existen, entonces, ¿quién fabrica los atardeceres?, si los arcoiris no son seres vivos, ¿por qué brotan después de la lluvia?, ¿Qué fue primero, la flor o la mariposa?, ¿A quién recurre la luna cuando tiene una pena?...

…¿En qué momento la magia nos abandonó?...



León Faras.

domingo, 25 de septiembre de 2011

Sobre la mujer.

Escribir para la mujer es una cosa, pero escribir sobre la mujer es algo completamente distinto, casi temerario, es tal la variedad, que es difícil atenerse a algo sin caer en incomodas generalidades, pero trataremos. Por ejemplo es inmemorial la necesidad por ser atractiva, atraer hacia si miradas, deseos, sentimientos, claro que no todas de la misma forma, ni con la misma intensidad, mientras algunas buscan verse sensuales otras son más comedidas, románticas o intelectuales, todo depende del interés que pretenden despertar o quizá solo verse bien sin despertar intereses indeseados, y claro, del contexto que las rodea, la mujer dice mucho a travez de su atuendo. Sin embargo siempre estarán perfectamente presentables, porque esto es algo que tienen dentro, que lo llevan desde siempre, si no comparen a los niñitos y a las niñitas a la salida del colegio, y esto hay que tenerlo muy claro, sobre todo cuando una fémina se presenta ante uno y le espeta con una sonrisa radiante la pregunta: “¿cómo me veo?”, uno, a veces despistado puede pensar que le están pidiendo una opinión objetiva, pero no, lo que ella quiere es una confirmación de que se ve bien, porque uno jamás va a tener conocimiento de todos los factores que se tomaron en cuenta a la hora de elegir el atuendo como para poder opinar, y dependiendo de la mujer, uno debe ser más o menos efusivo, puesto que, un simple “bien” puede ser interpretado como un “podría ser mejor” y demoler todo el trabajo invertido por ella en su imagen, con sus consiguientes consecuencias, tampoco es recomendable sugerir un atuendo distinto al adoptado, a menos que se cuente con algún manual estadístico y debidamente actualizado de las prendas que ella posee, respaldado por un historial de dichas prendas que incluya la última vez que fue usada, el contexto de tal uso, y los individuos presentes en aquella oportunidad, por lo menos. Ahora, hay chicas que jamás te preguntarán nada respecto a su imagen, porque sencillamente no lo necesitan o no les interesa o tienen un estilo marcadamente definido al cual se atienen por sobre lo que los demás piensen.

También podríamos referirnos a que la mujer puede ser algo volátil emocionalmente, es decir, que pasa de un estado a otro transversalmente opuesto con relativa facilidad, esto atribuible a sus vaivenes hormonales que, ningún hombre comprenderá nunca debidamente. En otras ocasiones un abrupto cambio de ánimo puede deberse a su desarrollada intuición, la cual usan en forma inconsciente y en ocasiones, desconcierta, porque uno no capta lo que para ellas es evidente, y el mensaje derechamente se pierde en algún lugar de la estratosfera provocando cierta frustración en ella, así como también, la afición al uso de indirectas, cualidad muy propia de la sutileza femenina, de la delicadeza con la que están, en su mayoría, acostumbradas a actuar, y este es un punto no menor, pues el hombre, salvo pocas excepciones, no es bueno con las indirectas, ni con los eufemismos ni con los mensajes codificados, sobre todo cuando uno, debido a los designios de la sociedad imperante, pasó todo su tiempo de aprendizaje y adaptación, en colegios monosexuales, donde cual de todos sabía menos de la rara naturaleza femenina. La sutileza, la delicadeza, la entrega, se pueden derivar de su intrínseca vocación de madres, lo sean o no (madres, digo), están hechas para serlo, física y sicológicamente y hay, para ese puesto condiciones que la mujer tiene por el solo hecho de ser mujer, por ejemplo dedicación, paciencia, afecto, minuciosidad, por nombrar algunos ejemplos, cualidades que abarcan todas sus actividades.

La mujer es un ser al que nunca, salvo casos particulares, se le han restringido sus emociones, ni a nivel de su vida ni a nivel histórico, por lo tanto las exhibe con soltura sean buenas o no, algunas con demasiada soltura, bueno, para ser justos en tiempos pasados la risa en la mujer debía ser decorosa, casi imperceptible, algo así como el llanto en el hombre, pero eso es algo que se ha diluido en el tiempo, aunque claramente no por completo, como sea, exteriorizan con facilidad lo que sienten, incluso cuando pretenden esconderlo, pues, lo que no dice su boca lo dice todo su cuerpo, y esto es algo que en ocasiones puede ser muy evidente. El lenguaje corporal en la mujer debe venir de tiempos remotos, cuando la mujer no estaba tan liberada para decir lo que quisiera, cuando quisiera y a quien quisiera, una sola mirada “de esas” puede ser muchísimo más decidora que mil indirectas, y frecuentemente más efectiva también.

No creo que haya alguna mujer que no ame los detalles, esas cositas pequeñas pero inesperadas que la hacen tener presente que están presentes, valga la redundancia, en la mente de alguien (cabe destacar que ese alguien sea del gusto de ella), importantes para mantener los sentimientos que sustentan la relación o talvez para proveerles la seguridad que necesitan, la seguridad de que lo que sienten es recíproco, de que no están entregando o entregándose demasiado, porque este es un temor que se le inculca desde pequeñas, fundamentado en los inacabables ejemplos de mujeres que deben enfrentar embarazos solas o en la experiencia de muchas mujeres de haberse sentido utilizadas, sin sentimientos de por medio, cuando lo que se esperaba o lo que se les dio a entender era una relación proyectada de aquí a la eternidad.

Bueno, creo que me he dilatado demasiado, y a veces, la cantidad merma en la calidad. Después de todo, a las mujeres no hay que entenderlas si no quererlas.