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sábado, 19 de septiembre de 2015

La flor que no se marchita.

La flor que no se marchita, símbolo de los benditos condenados, regalo de Dios, el más valioso y pesado, tesoro añorado por el que no lo encuentra e irrenunciable para el que lo halla. Única inmarcesible entre tantas flores que mueren incluso antes de nacer en un jardín maldito, anegado con sus raíces, dulces e intransigentes; sanadoras pero asfixiantes.

Nada destruye a la flor que no se marchita, nada la cubre ni la reemplaza jamás, en igual medida puede ser la más cruel de las maldiciones o la suma de todas las bendiciones. Son las dos caras de su misma moneda. Nada crecerá junto a la flor que no se marchita, al igual que todo lo que estaba antes terminará pereciendo irremediablemente, su sola presencia absorbe por completo, llena, arrebata la libertad para siempre, se abandona el individualismo, se deja de ser uno mismo, el corazón se cierra guardándola en su interior.

Para la flor que no se marchita, una vida no es demasiado, su presencia e influencia van más allá de lo material, se arraigan hasta formar parte del ser, participando, justificando, impulsando, sometiendo, quedándose ya indefinidamente, o tal vez solo recuperando su lugar intrínseco y permanente. Es la joya más rara, la máquina más perfecta, la estrella del navegante, el principio y el fin.


Todo lo cambia la flor que no se marchita, nada vuelve a ser lo mismo, todo lo influye, lo altera, lo comanda. Cada paso es medido en función de ella, cada paso solo sirve para alejarse o acercarse a ella, cada paso está a su servicio. Muchas flores pueden pasar por la vida, y tarde o temprano terminarán secas, pero hay una que no se marchita nunca, el tiempo no es capaz de diluirla ni las otras flores de opacarla, es eterna, pura y digna de devoción, su brillo se impone una y otra vez y para siempre, es lo más grande y hermoso, es privilegio solo de algunos, es el amor de verdad.

León Faras.

martes, 7 de julio de 2015

El rumbo de sus pasos.


Las piedras del camino, como cinceles
Esculpen el espíritu del caminante
Engrosando corazas y afilando aceros
Hasta provocar el avance de la pluma.

Como Flor de Invierno la bautizaron
Rara belleza en inhóspito jardín
Que acunó dentro su frío destino
Cuando en manto rojo su familia le dejó

Poca bondad le bastó para crecer
Su sed de venganza necesitó menos
Descendió sin miedo en dignidad
Su belleza fue tan letal como su espada

Uno a uno pagaron por su dolor
Reconociendo tarde en sus ojos la carnada
Tiñendo con su sangre la estela
Indeleble, tras el rumbo de sus pasos.


León Faras.

domingo, 21 de diciembre de 2014

Tu presencia.

Tu presencia está aquí ahora, en tu propio espacio y tiempo pero aquí, tan potente y persistente que me impregna, me manipula, me forma y me educa. No te imaginas cuanto has destruido para luego volver a edificar, ante un espectador maravillado que ve como la naturaleza obra milagros tan fácilmente y con tanta autoridad. Dudo de que naufrago alguno haya contemplado con más felicidad y esperanza su salvación en alta mar, allá, lejos aún pero consciente de haber sido encontrado y que la salvación por primera vez en mucho tiempo, existe, y se puede soñar libremente con ella. Irrumpiste para quedarte, cosida a alguna parte de mi ser de donde no podría sacarte sin rasgarla, sin dañarme a mí mismo, sin abrir una herida... sutilmente dosificada por algún curandero celestial, un alquimista místico que obró con todo su talento en ti, dotándote de las perfecciones que te hacen idónea y de las imperfecciones que te hacen única... no soy culpable ni responsable, no podría, no sabía que para encontrar lo que buscas, primero debías dejar de buscar...ni tampoco sabía que alguien estaba poniéndome atención cuando te invocaba...  solo he sido espectador y receptor de lo más bello e inusual que me ha pasado...algo que ya amaba antes de saber que existía.

Tu presencia está aquí ahora, recordando mis objetivos, marcando el paso de mis sueños, como una galera cuyo único remero soy yo, en la cual el látigo de tus labios, me obliga a hundir los remos en mi realidad que es un océano hasta llegar a ti, el único puerto, sin provisiones más que las añoranzas de tu piel, sin más viento que tu voz, sin otro faro más que tus ojos. Si piensas que exagero recuerda que soy navegante inexperto, que nunca había abandonado mi realidad para lanzarme a soñar descaradamente, como si no hubiera otro futuro más que el que sueño contigo, irrompible y perpetuo. Ya dejé de temer, si alguna vez lo hice, ya no, ahora solo confío, pero sin el esfuerzo que alguna vez le puse, mi confianza es natural, liviana e insistente, renovable... no es carga tuya ni mía, es consecuencia, es fruto para saborear y no raíz para sostenerse. Ya sé que no eres doncella del balcón ni yo un Cyrano de Bergerac, pero si las palabras salen es porque estaban ahí, y si las escribo para ti es porque las has inspirado, no son simple retórica aduladora sin médula, sino hijas de tu presencia ausente.


León Faras.

sábado, 29 de septiembre de 2012

Gladiador.


Oigo a la multitud enardecida 
clamando por mi sudor y mi sangre, 
que les pertenece como tuyo 
será el aliento de mi expiración. 

El sabor de la arena del último sol, 
será aliciente de mi recuerdo perenne 
que te transportará junto a mi 
entre los pliegues de mi alma. 

Estoy por debajo de las bestias 
solo soy dueño de mi dolor 
mi única decisión ha sido amarte 
y también mi única posesión. 

Miedo y desesperanza en el aire 
la muerte al final del callejón 
sonríe y acoge como una madre 
de la cual todos somos hijos. 

Cuando los dioses prometan libertad 
mi promesa seguirá vigente. 
La saliva se espesa, la sangre golpea. 
Ave Cesar, los que van a morir te saludan. 


 León Faras.

lunes, 10 de septiembre de 2012

No quería que me miraras.

No quería que me miraras,
no quería dejar semillas de duda
en la fértil tierra de tu corazón.
Creí que una multitud sería suficiente,
no pensé que la suave brisa de tus ojos
derrotara tan fácilmente el torbellino
de distracciones entre tú y yo.
Una mariposa atravesando una tormenta
sin más armas que su grácil instinto.
¿Qué erudito puede decirme,
qué clase de brújula atávica me delató?
Pensé en mirarte por última vez
antes de que sacrificaras mis últimas palabras
pensé en retener tu recuerdo ausente
 y probar por última vez tu silueta.
Ahora tu futuro se aleja sin ti
y deberemos fabricar uno nuevo…

León Faras.

lunes, 28 de mayo de 2012

Irreal.

Sin tiempo ni colores, ni sonidos ni brisa,
yermo cosmos de mutismo endurecido
con pasajeros indiferentes en un mundo ajeno
que arrastran vidas frágiles y sin propósito.
Despierta tu presencia acabando con el absurdo,
tu voz y tu risa suenan dentro de mi
haciendo feliz este efugio momentáneo
ignorante de su naturaleza fugaz.
Frágiles cuerdas de voluntad
dotan de sentido un universo irracional
subyugando nuestro pronto destino
donde dibujas lo que ambos queremos.
Luego toda la creación desaparece
alcanzo tus labios sin esfuerzo
tu cintura se diluye en mis manos.
Una vez más he soñado contigo…

León Faras.

jueves, 12 de abril de 2012

Inferno.

En la entrada, dos ángeles con descuajadas alas
 lloran sin sollozo lágrimas de sangre negra
 sintiendo la inmortalidad de la tristeza
 de una enmienda tan lejana como el paraíso.

 Un mundo tan amplio como la desesperanza
 limitado por abismos insondables
 donde hierven las inmortales almas
 de los que rebasaron su cuota de piedad.

 De las paredes de un pasadizo nebuloso
 emergen brazos anhelantes y solitarios
sólo capaces de destilar inagotable angustia
 reflejada en lamentos luctuosos e ininteligibles.

 Las cadenas entonan una sinfonía amarga
 acompañada de látigos y martillos
 que retumban en la piel de todos los huéspedes
 rasgando lo que les queda de humanidad.

 Una mujer famélica con su bebe exánime
 juega a los dados bajo el cadáver de un árbol
 con una bestia de jugosas fauces y ojos fríos
 que pierde desdichados en una mala racha.

 Criaturas de descarnada piel carmesí
 revolotean como moscas sobre la carroña
 esperando los restos que serán su festín
 en una orgía desenfrenada y tormentosa.

 El agua envenena y el viento quema
 como la presencia del creador del averno
 que engulle el inagotable fruto de su trabajo 
servido en bandejas de oro inmaculado.


 León Faras.

lunes, 30 de enero de 2012

Como si estuvieras aquí.

No es por ocio. El tiempo disponible, usurpado al descanso y que transformo en lienzo, es reclamado, como una más de tus pertenencias; como una más de mis obligaciones. No es por libido, aunque no niego que llegará, que engaño mis sentidos con un episodio de aire y fantasía, construyéndote con los muchos fragmentos que mi mente guarda de ti, en una forma grácil pero tenaz, hecha de aromas y texturas; sonidos y diálogos. No es por obsesión que anulo mi cordura, que suplanto la realidad, pues si no soy yo, será mi inconsciente quien lo haga, espejo intransigente de mis pretensiones, incapaz de mentir o de callar.

Primero es tu silueta, recreada en un boceto que imita tu forma de desplazarte, una escultura hecha de vaho y remembranzas, tu esencia que flota en la inmensidad de mi imaginación, desnuda de detalles pero hambrienta de existir. Luego son tus aromas, el ancla más fuerte, la raíz que alimenta el árbol de tu recuerdo, de cuyas ramas se desprenden momentos y zonas variadas, impensados recovecos, pasadizos ocultos…de tu aroma nace tu piel y tu cabello, incluso detalles que ignoraba conservar, perfecciones e imperfecciones que no todos conocen. Ya no necesito esfuerzo para crear, la escultura cobra vida.

Los sonidos se me vienen encima en tropel, tu risa y tus pasos; choques y gemidos, palabras sueltas o el humo de tu cigarrillo que expulsas con gracia. Son ellos los que recrean el escenario, la textura que te envuelve, la superficie en que te apoyas, la temperatura y la luz, los colores y las sombras. Sin preguntarte te traigo aquí, sin tocarte te uso por completo, abusando de la estela que has dejado como un ladrón de almas, pero solo de tu alma. No me culpes si recojo las huellas de tus pasos o si me apropio de tu silencio, será solo por un momento, pronto todo se desvanece y la realidad vuelve a caer sobre mí.


León Faras.

lunes, 5 de diciembre de 2011

Borracho circunstancial.

Como ahogo tu voz, tu promesa
en esta larga y maldita noche.
Un odio artificial me embarga
creado en una fábula sin moraleja,
para suprimir un amor dilapidado
que ya no es bienvenido por ti.

Solo uno más, hasta que tu rostro
desaparezca del reflejo de mi vaso,
o hasta que se borren tus huellas
aún frescas en mi alma aturdida.
Me detendré cuando tu traición
deje de escupir dentro de mi pecho.

Otro más para intoxicar este amor
antes que se vuelva odio irrefrenable,
o para iluminar este agujero
en el que has sepultado mi dignidad
dejando como lápida una sucia postal
sacada de un motel de mala muerte.

Bebo para tragarme los adjetivos
del diccionario de los despechados,
porque me duele lo que ahora pienso de ti
y para diluir la sangre que emana
oscura y nauseabunda desde la herida
que tu puñal descarado me dejó.

Sólo pienso en naufragar esta noche
en insultar a la luna que me llevó a ti.

Esta noche no volveré a tu lado,
temo que tus recuerdos sean
más fuertes que mis extremidades.
El piadoso y húmedo pavimento
será lecho más acogedor
que tu delicioso e insultante aroma.


León Faras.

viernes, 28 de octubre de 2011

Erótico.

Factores que invaden
Como soldados de fuego
Bloqueando las salidas
Con dulce calígine.

Oráculo infalible
Como nubarrones del este
Anticipa la tempestad
De aliento y sudor.

Allanando el camino
Con falaz sumisión,
Tu mirada combativa
Tus labios, el señuelo.

Manos de ciego
Se empantanan en las telas
Que albergan el calor
Ávido de liberarse.

Horizontes de piel
De excitante geografía
Que asciendo y caigo
Cabalgando sobre mis labios.

Ropa ya sin vida
Esparcida y derrotada.
Fantasmas inútiles
Arrojados del paraíso.

Lenguaje primitivo
Como señales del cielo
Que emanan de tu deseo
Destrozando preámbulos.

Conexión de carne
En ígnea cadencia
Me esparzo sobre ti
En una invasión simultánea

Me bebo tus gemidos
Mientras los fabrico.
Tu cuerpo me anida
En sinuosa prisión.

Ritmos compartidos
Sobre caminos de humedad
De vahos sobre la piel
Que invitan al vuelo.

Navegante tras tu lucero
Tú eres mi referencia.
Las estaciones se suceden
El invierno puede esperar.



León Faras.

viernes, 16 de septiembre de 2011

Para Galatea.





Para Galatea.
(la obra de Pigmalión)


No hay seda que se asemeje a tu piel de marfil,
Fría y lívida como tu cruel y pétrea indiferencia
Ante los sentimientos que irremediablemente inspiran
Tus labios inmortales y tus ojos de porcelana.
Belleza inefable que doblega voluntades
Y que turba los sentidos hasta la locura.
Esa locura que radica en amar tu estática figura
Aún sabiendo que eres incapaz de corresponder,
No sin la mediación de algún dios misericordioso.

Anatomía perfecta e inmarcesible, como sirena
Nacida en las oscuras entrañas de un océano de roca.
No habrá orgullo más grande que el conferido
Al martillo y al cincel que te liberaron
Del profundo hipogeo de la inexistencia
Para ser eterno dechado de la figura femenina
Y reflejo de Afrodita en la tierra.
Capaz de hacer palidecer la figura de Helena
Y de provocar diez veces la destrucción de Troya.

Es absurdo e intolerable comprender
Que tu sola belleza no sea capaz por si misma
De dotar de calor tu piel y de rubor tus mejillas.
Imagino la angustia que debe sentir la brisa
Al no poder jugar con tus cabellos
Y su ansiedad por entibiarse en tu aliento.
Imagino la envidia de las flores y la comezón
En la pluma de los poetas y trovadores
Ante tu presencia Galatea, la musa perfecta.


León Faras.

Sirenas.


Oscuridad de profundo terciopelo
que amansa al mar y lo enceguece
fundiendo a las aguas con la noche
recordando el temido abismo
antiguo devorador de naves y de hombres

Con las velas enfermas de inercia
y la deriva como timonel
las cartas y mapas se vuelven ignorantes
instrumentos poseídos hablan en lenguas muertas
paréntesis de tiempo de relativa eternidad

Tu canto comienza, agudo y limpio
como cuerdas de acero de una lira celestial
arrullo de dioses que hipnotiza a los elementos
capaz de acariciar el alma de los mortales
diluyendo el límite entre sueños y realidad

Atrevido rayo de luna, como flecha de Eros
provoca en las tinieblas una herida mortal
volviéndote rutilante, como faro de redención
criatura de intransigente belleza
mitad de esmeralda y mitad de albo coral

Demasiado tarde para dejar de amarte
tu voz no deja espacio para nada más
una mirada tuya es suficiente para entregarte el alma
mientras peinas tus cabellos como algas de seda
y me invitas dulcemente a saltar al mar

ya no me pertenezco, sin angustia me hundo
aún siento tu canto dentro mio, abrigándome
son sólo minutos de vida a tu lado
pero no se comparan a una eternidad sin ti.
mis sentidos se extinguen y te sigo amando.

León Faras

martes, 13 de septiembre de 2011

Sueña conmigo.



No me despiertes cuando esté soñando
aunque me veas despierto
aunque pienses que estoy lejos de ti,
pues romperás tu propio reflejo
como una piedra en la fuente.
Más bien sueña conmigo
y búscame en tu horizonte
donde el jardín florese a tu sombra,
donde los niños ríen con sus mascotas
mientras crecen junto con sus sueños.
Búscame en la cosecha de la vida
a tu lado en la mesa de domingo
en el sofá y la copa de vino
en tu cama con sábanas acariciadas
húmedas con tibio rocío.
Búscame en tu próxima risa,
en los últimos paseos de la vida
cuando sientas que todo está hecho,
en la música y el baile
en los aromas y sonidos
Búscame cada vez que sueñes
porque cuando fabricas tu vida
estás realizando mi sueño.


León Faras.

domingo, 14 de agosto de 2011

Amor ciego.

Amor ciego.


El aire me sabe a ti,
te respiro largo y profundo
reconociendo el aroma
de tu lápiz labial,
sabor de tus besos
que irrumpe en mi mente,
impacientando mi boca,
promoviendo el deseo.
Tu tibio aliento me allana
evidenciando tu presencia,
hasta chocar con el mio.
Cosquillas de cabellos
que rozan mi piel,
mientras levitas
por sobre mi cuello,
mi mano se lanza tras de ti,
capturando un extremo de tu blusa,
oigo tu sonrisa y no imagino
un sonido más bello.
Las yemas de mis dedos
ascienden por tu cuerpo
alternando entre algodón y piel
hasta llegar a tu boca,
una suave mordida,
un inesperado beso,
poco a poco te armo en mi mente,
coordenadas en susurros,
me apodero de tu blusa.
Deposito mi beso en tu hombro,
mi eterno punto de partida,
mis manos me dicen el resto,
las tuyas se enredan en mi pelo.
Cada vez es más fácil
encontrar trozos de piel,
construyendo una ansiedad
que acelera nuestros cuerpos.
No podrías imaginar
todos los aromas
que de ti guarda mi memoria,
no podrías entender
cómo percibo tu belleza.
Atento a tus señales
espero el momento...
No hay mejor lazarillo para mi
que tu corazón.


León Faras.

lunes, 8 de agosto de 2011

Distante.

Distante.


Con pasos cortos y premura
transitas sin sostener miradas
que se prenden de tus ojos
como el rocío en las hojas.
Tu grácil anatomía,
aparenta un corazón frío
un camino escabroso hasta ti,
un abismo a tu alrededor.
Sin embargo estoy seguro
que podrías darle una cátedra
a aquellos que creen saber amar.
Imagino tu miedo, pues sabes
que el corazón es como un globo
que mientras más grande
es más fácil de destruir.
Cuantas batallas has perdido
y cuantas cicatrices has ganado
que ahora eres guerrera temible
de infranqueable paso.
Mis caminos solo me alejan más
así como nuestros prejuicios,
si ni siquiera te conozco
y ya te estoy dando por perdida.
Maldita condición humana
de poner lo que creemos
por sobre de lo que sentimos.
Si mi caballo está cansado para seguirte
y mi armadura gastada para hablarte,
entonces qué me queda...
un germen de amor, una promesa
tan lejana que apenas se ve.
Quién sabe si algún día
aceptemos tanta diferencia
quien sabe si algún día
leas esto que escribí.


León Faras.

jueves, 4 de agosto de 2011

Flores en tu piel.

Flores en tu piel.


Nocivo amor, por el que has luchado
que te deja flores tatuadas en tu piel
e inpregnadas en tu alma
maculando tu esencia de doncella.
Flores rojas de cinco pétalos
desplegados como abanico en tu mejilla,
promesa permanentemente rota
de una primavera tóxica y enferma.
Botones violetas ocultos en tu espalda
incitadores de vergüensas vanas
que cargas como si te pertenecieran,
florecen con facilidad en tu suelo
fértil, pálido y endurecido.
Otro más osado se nutre de lágrimas
que espesas, entorpecen tu mirada.
Flores con oscuro y amargo rocío
que han consumido a la niña enamorada.
Flores tapadas bajo sonrisas de payaso
incapaces de sostenerse por si solas
no sin puntales de estériles afeites


León Faras.

martes, 2 de agosto de 2011

Post Mortem.

Post Mortem.


Siempre me gustó verte dormida
en pacifico vuelo sin tiempo,
envuelta en las débiles luces
que valientes, se oponen a la  noche,
el mejor cuadro para atesorar
en lo que me quede de memoria.
Lágrimas empantanadas en tu rostro
delatan una ardua batalla
antes de bajar los brazos agotados
suministrándole vida a una flor moribunda
que te regalé en espontáneo arrebato,
mientras te convencía de amarme.
Ignoraba que aún la tuvieras.
No sé cuanto más pueda seguir aquí,
pero no será mucho, te lo aseguro
pues ante todo está tu felicidad,
y aunque ya no puedo fabricarla
todas mis promesas se cumplirán
cuando la noche caiga derrotada
llevándose con ella mi presencia
y tu rostro diluido en mi retina,
por el tiempo que dure mi conciencia.
El reloj se derrite en gotas de plomo
haciendo estruendo a cada paso,
materializando el tiempo y cargándolo
poco a poco sobre mi espalda
hasta hacerme desaparecer.
Tu nave zarpará liberada
mientras yo me quedo en este puerto
esperando tranquilo y agradecido
a que el viento me traiga noticias de ti.


León Faras.

jueves, 28 de julio de 2011

Dos segundos.

Dos segundos.


Joven noche de invierno,
agitación de agua pulverizada
que retoza en la atmósfera,
las luces de la ciudad
hacen eco sobre el pavimento
mientras paredes carcomidas
forman un mágico telón
de inesperada idoneidad.
Tráfico de andar cansino,
conspira con el alumbrado
iluminando tu rostro
sin transgredir tu entorno
ni tocar la penumbra
delatando tu mirada,
atrapando la mía.
Dos segundos sin invierno
encapsulados para siempre
en una zancada del tiempo
que no mira atrás.
Dos segundos de mirada intensa
y fortuita complicidad
sacada de sueños olvidados
en mundos inexistentes.
La magia de lo efímero,
como una estrella fugaz
en cuya corta existencia
radica toda su belleza.
Una obra de arte
destinada a morir en el acto
quedando solo retenida
en el caprichoso inconsciente
del artista y su obra.


León Faras.

miércoles, 27 de julio de 2011

El Conjuro.

El Conjuro.


Tantas Fuerzas que retozan en el mundo,
Descollante manada de corceles de éter
Que briosos, tiran los coches sin mirar la carga
Ni el estado del camino bajo sus cascos.
La pasión, la atracción, la voluntad,
Los sueños, la alegría, la verdad.
En su Auriga me convierto y mi deseo será su senda.
Que nunca más la mundanidad y sus vicios
Priven al amor de su exultante grandeza
Y exijo para el amor que aguardo lo más selecto
Y con premura, pues ya no quiero esperar más.
Reclamo de Penélope su fidelidad
La que nunca dudó del retorno de Ulises
Ni nunca se doblegó ante el peso
De la coerción que la cercaba.
Solicito la tenacidad y rebeldía de Julieta
Quien a pesar de la legión que se alzó
En contra del amor que la colmaba
Jamás mermó en su deseo de estar con su amado.
Demando que se fusionen, como nunca se ha hecho
La candente pasión carnal de Cleopatra,
Ígneo instinto, avasallador y dominante
Con el cándido y noble sentimiento de Tisbe
Puro y enaltecedor, como el amor mismo,
Pues su resultado será la mecha
Del más ineluctable sentimiento.
Ordeno que el resultado de lo que pido
Sea más fuerte que el brebaje que unió a Isolda y Tristán
Y más duradero que la atracción de Eurídice y Orfeo.

Los Alfanas están azuzados,
La ruta está trazada.


León Faras.

lunes, 25 de julio de 2011

Secuestro.

Secuestro.


La niña ya no está, el giro del mundo en un segundo se la tragó,
peatones de fría inocencia y andar diligente la ocultaron.
La dócil brisa de otoño, borró el rastro de su perfume infantil,
cuando la poderosa normalidad le devolvía los colores al surto atardecer.

Su cuarto está vacio; el orden reina como tirano despiadado,
la cama intacta y sus indolentes habitantes de felpa, golpean el alma
cada vez que evocan la vida artificial de la que eran dotados.
Llueven puñales candentes en el interior de la exanime habitación.

El oso color rosa, atesora en su relleno las lágrimas de una madre
en un vano intento por contener el ineluctable desconsuelo.
Violenta tormenta que cae en un susurro, desbordando sal y amargura,
compañía forzada de dos condenados que anhelan la misma redención.

Cómo iba a saber que su hermoso colegio era pagado con dinero malvenido
cómo iba a entender que su padre acumulaba enemigos entre justos y pecadores
cómo iba a imaginar que su entorno era construido destruyendo vidas
cómo iba a sospechar que su existencia era instrumento de venganza.

Una llamada enciende la esperanza, la vida de la niña pende de un hilo.
El pacto es sellado, la suerte está echada. Un auto lujoso se pone en marcha.
La calle se encoge cuando el tiempo vuela, haciendo la culpa más agobiante.
El padre conduce, mientras su universo trastabilla entre llantos ajenos...

Los noticiarios no hablan de otra cosa, un auto cargado de droga y aflicción
acabó incrustado huyendo de la ley. El dinero se esparce entre hojas secas.
Del maletero del vehiculo que recibió el golpe, nace la recompensa,
la niña está viva, pero a su padre, nunca más lo volverá a ver.

Sangre y justicia se mezclan en un extraño cóctel del destino.


León Faras.