Lenina es perfecta, y esto no es dicho con ningún tipo de sentimiento en su favor ni en su contra, es perfecta porque fue creada de esa manera, desde que el único óvulo del que ella se desarrolló fue fecundado, todo ha sido cuidadosamente condicionado para hacer de ella un ser humano…perfecto. Solo las castas más altas tienen el privilegio de ser concebidos como únicos individuos a partir de un solo óvulo, para el resto, pueden tener incluso más de noventa mellizos idénticos creados de una sola célula sexual. Desde que la maternidad, la familia y el concepto de hogar fueron arrojados al oscuro abismo de las groseras obscenidades, todos los seres humanos civilizados vienen al mundo en condiciones asépticamente artificiales en enormes almacenes de fecundación donde son fomentados o atrofiados, según el caso, física, mental y hasta emocionalmente para pertenecer a una de las cinco castas sociales y realizar la labor para la cual su posición está destinada. Y todo el mundo acepta su estatus con satisfecho orgullo, la hipnopedia se encarga de eso. Frases con dulce y clara voz suenan miles de veces bajo sus almohadas todas las noches durante años mientras los niños duermen, repitiendo una y otra vez que la labor que realizarán es la mejor, que su posición social es la más cómoda y que no la cambiarían bajo ninguna circunstancia. Descargas eléctricas durante la niñez harán a los futuros adultos rechazar cualquier labor para la cual no están predestinados, eso entre muchas otras cosas que harán de su vida un transcurso feliz.
Lenina no tiene novio, sus parejas sexuales son todos los hombres que quiera, pues el amor o el compromiso ni siquiera son imaginados como viables, la promiscuidad no solo es aceptada si no también promovida desde la más tierna infancia, solo debe tener cuidado con no caer en el asqueroso proceso del embarazo, no está permitido ni tampoco es deseado de ninguna forma, su almohada le ha repetido miles de veces lo desagradable y antihigiénico que es parir o amamantar. Y debe tomar precauciones por que ella pertenece al treinta por ciento de los individuos femeninos que son fértiles, un margen seguro en caso de tener que recurrir a esas primitivas prácticas, el resto no deben preocuparse, aunque parecen mujeres perfectas son en realidad hermafroditas absolutamente estériles.
Dios y la vejez ya fueron abolidos hace mucho, así como también toda la cultura humana con más de doscientos sesenta años de antigüedad, la era Cristiana ni siquiera se conoce ni se recuerda más que como una época salvaje e indeseada de la cual no hay nada rescatable. Disfrutan de tiempo libre y de todo tipo de distracciones y diversiones en que gastarlo mientras estas no requieran aislamiento como la lectura o no prescindan del consumo, como jugar con una mascota. La frustración, el disgusto, la soledad, no existen, y si por alguna extraña razón algún individuo llegara a sentir alguna emoción indebida que lo llevara a tener pensamientos con atisbos de cuestionamiento, entonces está a su completa disposición y en las cantidades que desee el Soma, la droga perfecta, mejor que cualquier otra conocida pero sin ningún efecto desagradable ni peligroso, medio gramo garantiza el más dulce de los sueños lúcidos, un par de gramos le llevaran en unas vacaciones narcotizadas extraordinarias al mundo de las sensaciones placenteras.
La vida transcurre feliz sumida en la más infantil y hedonista de las ignorancias, excepto en la reserva, un lugar lejano y horrible, resguardado tras miles de kilómetros de vallas electrificadas tras las cuales, los salvajes, aún llevan a cabo prácticas tan absurdas como la religión o repugnantes como parir y criar a sus propios hijos.
Sobre: “Un mundo feliz” de Aldous Huxley.
León Faras.