martes, 11 de noviembre de 2025

Lágrimas de Rimos. Tercera parte.

 

114.



Falena buscó a su hermana por todo Cízarin hasta que la noche la hizo aquietarse y buscar refugio, pero sin éxito. Aquellos que la habían visto, lo habían hecho temprano aquel día, por lo que su información no le valía de nada para saber dónde encontrarla, y ni siquiera podía contar con la ayuda del bueno de Yurba, quien seguramente removería cielo y tierra para encontrar a la chica de sus sueños, pero éste había salido aquella tarde junto con el grueso del ejército cizariano rumbo a Bosgos para acabar con la ciudad libre. Falena ya lo había pensado, pero no se convencía de que Rubi hubiese sido capaz de dejar Cízarin y partir sola a defender Bosgos. ¿Pero qué estaba diciendo? ¡Claro que Rubi sería capaz de dejar la ciudad y plantarse ella sola frente a todo el puto ejército cizariano de ser necesario! ¡Si era más fácil despejar Tormenta de Piedras que agrietar la determinación de su hermana, pero al menos le hubiera dicho algo! Falena se sobó la frente con rudeza, empezaba a preguntarse cómo rayos la encontraría en medio del caos que estaba por armarse si esta se había ido, entonces pensó en Bocasucia, la taberna a la que todo cizariano bien nacido y con algo de dinero, iba a compartir sus historias, esparcir chismes y beber algo; ella nunca había entrado allí, pero era mejor que seguir pateando las calles de arriba abajo sin ir a ningún sitio. Faula, la dueña, al verla intentando entrar sin mucha convicción la persuadió con amabilidad. “Mira, querida, aquí no trabajamos con prostitutas, pero si quieres hacerlo por tu cuenta, puedes quedarte…” La chica le interrumpió diciendo que ella solo buscaba a su hermana. “Ah, tu hermana es prostituta.” Asumió la mujer, con toda seriedad y sin atisbo de dudas en sus ojos. “No, no. Nadie es prostituta…” Aclaró la muchacha. “Mi hermana desapareció, hace horas que no la vemos y busco alguien que la haya visto.” Faula comprendió esta vez y la invitó a entrar a su negocio. El olor dentro era muy peculiar, una mezcla de muchos vahos distintos, añejados entre esas paredes sin ventilación ni luz solar. “¿Tu hermana es cizariana?” Preguntó la mujer, orgullosa de conocer a todos los habitantes de Cízarin. La chica le dijo que sí, le explicó que habían llegado desde Rimos siendo muy pequeñas con su mamá, pero por más que lo intentó, Faula no pudo capturar ningún recuerdo sobre esa tal Teté de la que le hablaba. “Tal vez tu hermana solo está con alguna de sus amigas, o con un chico… luego pierden la noción del tiempo y…” Sugirió la mujer, llenando un tazón con sopa para su invitada. Falena sonrió con la idea, eso no sonaba a Rubi. “Ella es como una anciana en el cuerpo de una joven; recta y firme como un poste.” La mujer pareció hacer eco de sus palabras. “¿Una anciana en el cuerpo de una joven? No se ríe mucho, ¿verdad?” Falena rio. “¡No, nunca! Y siempre tiene la razón.” Afirmó. “Obstinada…” Replicó la mujer, y la chica iba a afirmar con entusiasmo eso también, pero entonces se dio cuenta de que Faula, en efecto, conocía a su hermana. La mujer lo negó. “No, pero hace poco estuvo una chica por aquí, llamaba la atención solo por su personalidad, tosca y decidida. Era muy rara.” Dijo la mujer, y Falena asintió. Eso sí sonaba a Rubi. “Se reunió con unos rimorianos de los que ocupa el rey en su ejército. Hablaban bajito pero muy en serio, como si estuvieran planeando algo… Acá nadie se mete en los asuntos de los demás, pero como eran rimorianos, llamaron mucho la atención y acabaron yéndose.” Concluyó la mujer. “¿Y mi hermana se fue con ellos?” Preguntó la chica. Faula no estaba segura. En cuanto la gente salía de su negocio, pasaba a ser problema de otro. “Tal vez me equivoque, tal vez se trataba de otra chica, como sea, deberías irte a casa, no hay nada más que puedas hacer por esta noche…” Le recomendó la mujer y la chica asintió, no muy conforme pero de acuerdo.



Darlén se sentía feliz con todo el crecimiento que había alcanzado en el último tiempo en su magia, y con la aceptación de la magnitud de su propio poder, el cual, antes de que se lo señalaran, jamás hubiese siquiera imaginado. Esa noche su fuego ardía limpio y vigoroso, su cena frugal rebosaba de vida y nutrientes, la naturaleza a su alrededor la vigilaba y la protegía de cualquier amenaza que pudiera estar cerca como una madre celosa y el cielo le contaba historias fascinantes que ella nunca antes había oído, pero entonces notó algo en el firmamento, una cruel historia con muchas víctimas inocentes, pero a diferencia de las otras, esta no estaba en el pasado, sino en el futuro. Darlén se asustó, y el miedo no era algo bueno para una bruja. Revisó sus amuletos, una serie de objetos sin valor aparente, pero con los que había sentido una fuerte conexión apenas verlos. Los reunió en un puño y los lanzó al suelo, y estos le hablaron de un suceso sangriento y terrible que estaba a punto de suceder, confirmando lo que decían las estrellas en el cielo, pero agregando algo más: el suceso aquel estaba muy cerca de ella, y en más de un sentido. No era necesario ser bruja para saber lo qué significaba aquello. Debía regresar a su casa, con su familia y debía hacerlo ya. Le ordenó al fuego apagarse, y a su péndulo que le indicara el camino más corto a Bosgos. Era una bruja y podía volverse tan ligera, que era capaz de recorrer largas distancias a pie en poco tiempo y casi sin esfuerzo, pero aun así tardaría horas. Llegaría al amanecer, tal vez un poco antes, solo esperaba no llegar tarde.



León Faras.

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