lunes, 22 de diciembre de 2025

Lágrimas de Rimos. Tercera parte.

 

118.



El cuerpo de Nimir era preservado en un barril con salmuera mientras todo estaba listo para el tratamiento final de su preservación definitiva, ya que algunos ingredientes necesitaban procesos que sólo el tiempo podía hacer. Migas trabajaba enfrascado en los documentos de Mirna, era lo único que podía hacer para no sentir la ausencia del bobo de Nimir, ni el eco de su último grito de auxilio en sus oídos. Ya tenía certeza sobre, al menos, una docena de partículas fonéticas con las que podía traducir buena parte de lo escrito y estaba en busca de la siguiente, esa que al revelarle su significado, arrastraría con ella a las demás como en una cascada, una gran construcción que se derrumba al quitar la pieza clave de sus cimientos, dejando todo lo que oculta completamente expuesto ante sus ojos. Migas observaba el huevo del Cizal que conservaba sobre un mueble iluminado por una vela y muy cerca de la chimenea que lo mantenía abrigado y tibio, tal como lo haría el cuerpo de su madre si esta lo estuviera empollando, pero no pensaba en eso el viejo, ni siquiera había reparado en la idea de que algo vivo se estuviera gestando en su interior, no, mientras miraba el huevo, el viejo le daba vueltas en la cabeza a una sílaba tratando de hacerla encajar de manera coherente en más de una palabra a la vez para determinar su funcionalidad lógica, pero en vano, hasta que consideró la idea de que Mirna podía haber usado algunas palabras que él simplemente no conocía; algunas hierbas tienen distintos nombres en diferentes zonas o algunos compuestos que eran bautizados a capricho de su creador, no eran llamados de la misma manera en todas partes. Esa idea le abriría la mente a otras posibilidades, como la de admitir la eventual existencia de una palabra que él nunca había oído antes y que no conocía, pero que se repetía varias veces en el texto: “pólvora,” cuya fórmula y proceso de fabricación estaban descritos con detalle, y que finalmente sería, nada más ni nada menos, que el secreto oculto detrás de los Tronadores del viejo Larzo.



La adivinación por medio de los huesos era la técnica conocida más antigua y por lo tanto, también la más rudimentaria, ya que los más avanzados tendían a prescindir cada vez más de elementos externos para ver a través del tiempo el destino de las personas, sin embargo, dominar la predicción con los huesos era primordial para cualquiera que quisiera iniciarse en el arte de la clarividencia. ¿Un caballero? ¡Qué clase de caballero?” Preguntó Daliana, tan interesada como confundida. Lorina miraba sus huesos como si estos le hablaran desde un lugar remoto. “Uno de aquellos que visten armadura y cargan con una espada…” Señaló con dudosa convicción. Daliana la interrumpió espantada. “¿Un soldado! ¡Yo no quiero un soldado! ¡Viven más pendiente de sus espadas que de sus esposas, se la pasan bebiendo cuando no están metidos en sus batallas, nunca se sabe cuando vuelven o si van a regresar y además, siempre huelen feo por culpa de esos estúpidos trajes de hierro!” Lorina estaba atónita, había visto gente decepcionada con sus predicciones, pero nunca le había tocado alguien que se pusiera tan en contra de su propio destino, sin embargo, los huesos eran bastante claros esta vez. “Esa negativa anticipada es la razón por la que aún no tienes eso que tanto llevas esperando tener.” Le espetó, no muy segura de dónde le habían salido esas palabras tan acertadas, pero dejando a la pobre Daliana aun más confundida sobre cómo debía sentirse, mirando a su hermana Rina que la miraba de vuelta con las cejas levantadas en el centro como en un gesto de súplica. “¿Estás diciendo que todo es mi culpa?” Protestó Daliana, un poco ofendida. “No, y sí a la vez…” Confundir y ser ambiguo era útil en el arte de la adivinación, pero no se debía exagerar o se perdía toda credibilidad. “Porque estás rechazando lo que aún no pasa, te estás resistiendo a lo que aún no ves, creyendo que será horrible de antemano, pero ¿y si no es así? ¿y si te estás perdiendo de algo realmente bueno que ni siquiera sabes que existe?” Sugirió Lorina. “Como el Bagro.” Sugirió Rina a su vez, en un susurro que Lorina no entendió para nada pero Daliana sí, y fue ella quien se explicó. “Cuando era niña y vi un Bagro por primera vez, me pareció la criatura más horrible del mundo, tan fea que estaba convencida de que comerla sería igual de desagradable, por lo que me negué a hacerlo durante mucho tiempo… hasta que me lo dieron de comer sin decirme nada y descubrí que era mejor que cualquier otra cosa que yo hubiese probado antes.” Lorina arrugó la nariz. “Uf, jamás probaría una cosa tan fea. ¡Ese pez es horrible!” Afirmó, con gesto de hastío, como quien tiene algo descompuesto frente a sus narices. “¡Es delicioso! ¡Su carne es deliciosa!” Afirmó Daliana, convincente, pero Lorina simplemente estaba renuente a escucharla. “¡Tienes que probarlo! ¡Haremos que lo pruebes!” Insistió la princesa Jazzabariana, mientras la otra agitaba las manos en negativa y huía como si la estuvieran amenazando con arrojarla al río. Rina reía, porque veía el juego que se había armado entre las otras dos y le parecía gracioso. “¿Quién es la que se niega anticipadamente ahora, ah?” Preguntó Daliana abriendo los brazos, como exigiendo una respuesta, sin embargo, Lorina también reía, ella solo bromeaba, la mujer sabía lo bien que sabía la carne de Bagro, a pesar de nunca haberlo probado, porque en Bosgos el pescado era un lujo bastante escaso y casi siempre caro, y más, uno tan refinado y exclusivo como este, cuya reputación sí que era muy conocida. “La verdad, es que estaría feliz de probarlo un día…” Confesó Lorina terminada la broma, al tiempo que la otra se instalaba para seguir con la adivinación de su destino, pero el momento ya se había ido, los huesos habían sido removidos y su mensaje tergiversado por lo que Lorina los guardó con respeto. Deberían continuar en otro momento.



León Faras.

viernes, 12 de diciembre de 2025

Lágrimas de Rimos. Tercera parte.

 

117.



Mientras una lluvia fina pero copiosa, como un velo fantasmal a la luz de las antorchas, comenzaba a dejarse caer sobre la tierra, refrescando una noche que apenas comenzaba, la vieja Zaida recibía el consuelo de su amigo Gunta durante sus últimas horas de vida, ante la piadosa mirada de Teté, que casi podía ver como el espíritu de la mujer se desprendía de su cuerpo poco a poco hasta abandonarlo por completo, cayendo hacia el cielo infinito. En ese mismo momento, pero en Bosgos, Qrima fallecía en su asiento sin aspavientos ni alborotos, simplemente reclinando la cabeza sobre el pecho y durmiéndose con los ojos abiertos, mientras su sobrina, Nila, a solo un par de metros de él, revolvía una olla puesta al fuego con caldo de hueso y grano molido para abrigar el cuerpo y afirmar el estómago antes de irse a la cama. Su esposo llegaría pronto para descubrir al difunto y de paso, traer más malas noticias: definitivamente Brelio iba rumbo a Cízarin en ese momento y apenas había podido contener a Janzo para que no partiera hacia allá a buscar a su hijo a riesgo de causarle un mal mayor. El chico, ya no era un niño.



¿En qué está metida mi hermana? ¡Dímelo!” Exigió Falena, quién aún no entendía con qué clase de asuntos estaba lidiando. “¿Conoces a un tipo llamado Motas?” Preguntó Yádigar. La chica había oído ese curioso nombre antes, sabía que se trataba de un rimoriano con una más que dudosa reputación, pero no podía asegurar haberlo visto alguna vez, por lo que respondió que no estaba segura, entonces, su tío soltó una inesperada retahíla de adjetivos descalificativos que sin duda tenía guardados hace tiempo. “Pues es un sinvergüenza, un embaucador, un idiota mentiroso especialista en meter en líos a los demás y luego desaparecer… y encima se cree más astuto que el resto.” Falena no dijo nada, tampoco tenía mucho que replicar, por lo que dejó que su tío continuara. “Puedo reconocer que tiene algunas cosas buenas también, aunque para el caso, no valen de nada… Bueno, pues ese ceporro se enredó con unos inútiles bosgoneses que querían atacar Cízarin… ¡Atacar Cízarin! ¿Cómo? ¿Con qué ejército? Cómo sea, pues resulta que, al parecer, ese marango de Motas, de alguna manera logró involucrar a tu hermana en todo ese asunto revolucionario…” La chica, que seguía la historia con dificultad, y en la que aún no podía fiarse del todo, estalló con eso último, y es que, su hermana, como la conocía, no era del tipo de persona que se dejara engañar así, menos por alguien como ese tal Motas, cuyo nivel de sinvergüenzura era ya casi legendario. Su tío continuó con la paciencia de alguien que siendo experto en el tema, se debe obligar a sí mismo a tomarse su tiempo para explicarle a otros menos entendidos. “Mira, a este tipo se le da muy bien propagar el discurso de “Arriba la libertad de Rimos” o “Abajo la monarquía de Cízarin,” como si pensara hacer algo al respecto, pero no piensa en ensuciarse ni las suelas, en realidad, sólo lo hace para embaucar a las personas, para convencerlos de hacer cosas y así obtener algún beneficio para luego desaparecer y dejarte solo con el entuerto… ¡Siempre hace eso! Hacerte creer que está de tu lado y que quiere lo mismo que tú, pero después, cuando llega el momento de actuar, ¡puf! desaparece como un pedo en la noche.” A la chica todavía le costaba ver a su hermana involucrada con alguien así, pero el hombre estaba dispuesto a convencerla. “Cuando la gente se apasiona por algo, sólo quiere oír de eso y cualquier cosa le sirve para endulzarse el oído, y por algún motivo que desconozco, Rubi estaba obsesionada con que había que darle una lección a Cízarin… Yo estoy de acuerdo, no pienses mal, no apoyo a Cízarin ni a su rey, Siandro el Necio, pero para hacerlo se necesitan más que cuatro cabezas calientes y un par de lenguas largas, ¿no crees?” Falena asentía meditabunda. Su hermana metida en un grupo revolucionario, podía imaginarse eso. Rubi tenía madera de peleona; entonces, de pronto se dio cuenta de la urgencia del asunto. “¿Acaso esos tipos bosgoneses vienen hacia acá ahora?” Preguntó con sorpresa. Yádigar la miró con el alivio de alguien que por fin se da a entender después de mucho esfuerzo. “Por eso es que debemos encontrarla.” Aclaró.



Daliana, a la que no le interesaban para nada los asuntos de su padre y del soberano reino de Jazzabar, se llevó a Lorina a su habitación para tratar asuntos más interesantes, como su relación amorosa con su hermano Yan. La chica le habló con humildad sobre lo arrollador e impetuoso del sentimiento que los había invadido de pronto y unido para siempre, y Daliana fingió desvanecerse de amor y desilusión al desear tanto algo así y no poder tenerlo. “Yo nunca viviré algo como eso… lo sé.” Lloriqueó, como una víctima aplastada por el peso de su propio destino, ante la mirada divertida de su hermana Rina, que no podía tomar en serio ni un poco todo ese drama. Entonces, Lorina, piadosa, le ofreció leerle la suerte en los huesos y Daliana respondió con emoción, porque los buenos adivinadores eran escasos en Jazzabar, pero también con miedo, porque una mala adivinación podía sellar el destino de alguien sin remedio. Lorina sonrió. “Bueno, los huesos no siempre te dirán lo que quieres escuchar, pero siempre tienen algo bueno que decir.” La animó, y la chica aceptó, mirando a su hermana menor ansiosa y temerosa a la vez. “Según mi tía abuela Miula, la que podía decir el destino de las personas sólo oyendo sus sueños, los huesos te dirán las posibilidades, pero no te dirán las decisiones que decidas tomar.” Advirtió Lorina con profesionalismo antes de vaciar su pequeña bolsa de huesos de gallina en el piso y quedarse expectante. “Un caballero, definitivamente hay un caballero en tu camino.” Le dijo.



León Faras.


lunes, 1 de diciembre de 2025

Lágrimas de Rimos. Tercera parte.

 

116.



Yan Vanyán lo sabía, podía ver en los ojos de Lorina que ésta se había quedado profundamente preocupada tras ver pasar al implacable ejército cizariano hacia Bosgos, aunque su preocupación era más por Cípora y las otras chicas que trabajaban en el local de Nina, que por el resto de la gente. “Podemos regresar si quieres, aunque no te garantizo que lleguemos a tiempo…” Le ofreció Yan, afligido por no poder ofrecerle más, ya que solo contaban con un solo caballo para los dos y él, con todas sus habilidades especiales, no podía hacer gran cosa estando tan lejos, pero Lorina lo miró con una mezcla de ruego y resolución. “No.” Le dijo. “Ahora me debo a ti y a nuestro amor, que es por lo único que he de luchar de ahora en adelante. Ellas lo saben y lo entienden. La ciudad se defenderá como la última vez y Cízarin dejará de insistir en algún momento.” Yan, aceptó las palabras de su amada sujetándola de las manos. “Será como tú quieras, pero que sepas que si me pides enfrentarme a todos los ejércitos de este mundo o el otro, por ti, lo haría sin pensarlo.” Prometió Yan con la sinceridad y solemnidad de un caballero que le jura lealtad a su reina. “Y yo también daría mi vida por ti sin dudarlo ni un segundo.” Replicó Lorina, más convencida que nunca de sus propias palabras.



A Yádigar le tomó al menos media hora explicarle a la chica que él era hermano de Teté. Que su madre había muerto cuando él tenía trece años, que entonces habían sobrevivido juntos los dos rebuscándose la vida hasta que consiguió que el ejército rimoriano lo aceptara a los quince años y de paso, conseguir que a Telina la dejaran trabajar en las cocinas del palacio donde ambos podían ganarse la vida sin depender el uno del otro. Estuvieron así varios años, sin verse mucho pero sin alejarse del todo, cada uno atendiendo sus propias obligaciones. “Hasta que se la trajeron a Cízarin con un bebé que no era suyo en brazos… ese fue el último día que la vi y ni siquiera pudimos hablar. Supe que se había casado con un soldado cizariano dos años después del compromiso…” Explicó el hombre como si estuviera, mitad reprochándoselo y mitad excusándose, mientras Falena lo oía sin dejarse convencer del todo. “No recuerdo que mamá haya mencionado nunca que tenía un hermano…” Dijo la chica, mirándolo con toda la suspicacia del mundo. “Pues puedes preguntarle a tu madre la próxima vez que la veas si quieres, ahora tenemos que encontrar a tu hermana.” Replicó el hombre, harto de dar explicaciones, y con razón, porque por unos minutos se habían olvidado por completo de Rubi. “¿Entonces ella está aquí, en Cízarin?” Preguntó Falena, contenta de que esa posibilidad fuese real, pero el otro la miró como a aquella persona que, siendo un adulto, se maravilla por cualquier tontería como un niño. “¡Claro que está aquí, dónde más si no!”



Cuando Lorina llegó a Jazzabar, se quedó completamente admirada, aquella era sin lugar a dudas, la construcción humana más grande que ella hubiese visto nunca, con postes y postes sobre postes que ascendían hasta chocar con la noche, y que sostenían toda una ciudad en el aire. Había que decir que la noche favorecía mucho al puerto, dotándolo de sombras que contrastaban con las numerosas antorchas, lámparas y fogones que iluminaban aquí y allá y que le daban una presencia casi mágica y hasta se podía decir que hermosa, como si la hubiesen decorado a propósito así para su visitante de aquella noche. Antes de entrar, una fina gota de agua le chocó en la frente, la chica miró al cielo y con inocencia anunció que llovería, Yan también miró al cielo, pero no había visto ni sentido nada, después de todo, esa gota podía ser de cualquier cosa, en Jazzabar, siempre podían caer cosas desde las alturas que no venían precisamente desde el cielo. Las viviendas en el puerto eran poco más que chabolas empleadas para el reposo donde pernoctar y comer, pues todas las demás actividades se realizaban en espacios públicos. Aunque había algunos comercios establecidos, que eran pocos y viejos como la Descorazonada, la mayoría del comercio era ambulante e informal, siendo la comida callejera el más popular. Yan paseó a su amada por las pasarelas de Jazzabar sin soltarla de los hombros, pues era necesaria cierta práctica y habilidad para moverse sobre las tablas del puerto con soltura. La llevó hasta la gran chabola del rey, donde también estaba la de él y su hermano, y por separado, la de sus hermanas. Estaban muy cerca de la Rueda, la que esa noche estaba en completa oscuridad y silencio o hubiese podido impresionar aún más a Lorina con su ineludible presencia cuando el espectáculo está en su mejor momento, pero quién sí la impresionó de inmediato, fue la joya de Jazzabar, Daliana, la segunda hija de Cegarra, cuya belleza era sobrecogedora; una chica soñadora que anhelaba con casarse algún día con su hombre perfecto, pero que debido a su belleza, demasiado bien asumida por ella misma, y a un estatus social elevado que le inculcaron desde pequeña todos a su alrededor, ese sueño, se veía cada vez más obstaculizado, sencillamente porque todo el mundo siempre la había hecho sentirse tristemente inalcanzable, como una joya. Daliana recibió a Lorina con calidez, como se recibe a un pariente al que hace años no se ve. Yan estaba satisfecho de que ella la hubiese recibido y no su hermana mayor, Elba, la que podía parecer bastante tosca cuando uno no la conocía. También estaba Rina allí, la menor de todas, una chiquilla que no hablaba mucho y que sonreía demasiado. Algunos pensaban que estaba un poco tonta, que no lograba entender todo lo que se le decía y que por eso siempre estaba riendo sin motivo, y en parte era cierto, la chica no era muy lista, como se esperaba, pero tenía su propia clase de inteligencia, una más perceptiva, intuitiva y emocional, el tipo de inteligencia de quienes pueden comprender las cosas aunque no puedan razonarlas, solo lo saben, una inteligencia que a veces podía sorprender a los demás.



León Faras.